lunes, 13 de octubre de 2014

Manifiesto de 10 puntos por el sentido de la vida

Como activista, he participado en la creación y difusión de argumentarios, discursos y manifiestos. Todos ellos se basaban, más que en lo que pensaron otros antes, en nuestra propia experiencia vital y "de calle". Hicimos como Leonardo da Vinci sin saberlo. Él explicó en una carta cómo todo lo que había escrito lo había pensado personalmente, en base a su propia experiencia. Fue por ello enormemente criticado por los personajes “doctos” de su época. Como Leonardo decía, “esos que se pavonean henchidos de sí mismos”, desde una posición de sabio con pedigree, basada en tener puestos de éxito socialmente reconocido.

Ayer, después de haber leído unos capítulos de un libro divulgativo sobre filosofía, decidí dar un paseo por el Retiro (Madrid) por el impacto que me produjo esa lectura. Me conmovió releer de nuevo los pensamientos de estas personas que, en distintos momentos de la historia, se plantearon las mismas eternas preguntas que siguen vigentes para todos. Seas quien seas en edad, etnia, cultura, sexo, profesión y color de los ojos; el ser humano, al final, siempre se enfrenta con la gran pregunta del sentido de la vida humana.

Siguiendo el camino del gran Maestro Leonardo y de Sócrates, que dijo que la verdad se esconde en el corazón de cada ser humano, planteo este breve manifiesto por el sentido de la vida en base a mi propia experiencia. Por tanto, no tiene más pretensiones que hacer una pequeña declaración personal en 10 puntos sobre este importante tema, considerando lo que he visto y vivido hasta ahora. Es evidente (pero lo aclaro) que no pretende ser un listado de verdades, sino más bien de reflexiones abiertas al diálogo.

  1. La vida no tiene un único sentido universal y global para todo el mundo, sino que cada persona tiene su sentido propio de la vida. En sentido general y universalista, buscar la felicidad, el orden, los placeres o cumplir con el deber no definen el auténtico sentido de la vida, sino que serían más bien el estilo de vivir. Por ello no pasan de ser un instrumento, no el fin de la vida.

  1. El sentido de la vida es aquello que permite al ser humano alcanzar un ser pleno, puesto que humano lo es en esencia en cuanto que nació como tal. Nacer humano no te hace plenamente humano, en el amplio sentido de la palabra. La existencia del hombre puede pasar lacónicamente como una sombra entre las sombras o ser una luz, en cuanto que el sentido de la vida da a la persona completitud, hondura, profundidad, y una amplitud de miras que ilumina su camino. Por lo tanto, llevar una vida con sentido auténtico proporciona paz y equilibrio, independientemente de que el estilo de vida pueda ser más pausado o más apasionado, ordenado o bohemio, o cualquiera otra cualidad. La persona se siente centrada, conectada con lo más profundo de sí misma, con otras personas y con el mundo que le rodea.

  1. El sentido de la vida está definido, al menos parcialmente, por la propia naturaleza de la persona en un sentido profundo. Ser quien realmente eres da muchas pistas sobre cuál es tu propio sentido. Sócrates dijo: “conócete a ti mismo”. No hay mejor inversión que esa para encontrar nuestro sentido de la vida, puesto que el sentido de la vida nace del ser personal y no puede existir sin él. Y nuestro ser personal, visto con sencillez, es la llave para abrir nuestra máscara y conectarnos con los demás de una forma profunda, más allá de convencionalismos y palabrería de lugares comunes.

  1. La propia naturaleza no son los deseos, los temores ni las ánsias. Todo esto no son más que sombras que nacen del desconocimiento. Por suerte, lo que se desea y lo que se teme, que experimentamos todos los días, son instrumentos que ayudan a conocerse mejor. El sentido de la vida es algo más profundo y mucho más amplio que un deseo concreto, ni tampoco puede estar amenazado por un miedo, porque se encuentra en un plano distinto. Así como las olas no conmueven el océano hasta su fondo sino solo la superficie del agua, los deseos concretos y los temores no son más que ruido superficial que distorsiona nuestra visión de quienes somos realmente.

  1. El sentido de la vida es vocacional y nos da alegría actuar conforme a él

  1. Cumplir con el sentido de la vida no aprisiona, como sucede al seguir un listado de reglas externas, sino que libera, puesto que no hay mayor liberación que conocerse a un@ mism@, amarse como es y actuar en consecuencia.

  1. Por una parte, el sentido de la vida no depende de las circunstancias que nos toca vivir. Las circunstancias nos condicionan los instrumentos y los momentos, pero un@ puede ser pleno y vivir con sentido más allá de los recursos disponibles, porque es una tarea interior y no exterior. No hay que ser caprichosos con las cosas. No obstante, hay circunstancias vitales en las que vivir de acuerdo al propio sentido se convierte en una tarea sobrehumana. Toda sociedad tiene la obligación de intentar remediar los abusos, torturas, denigraciones, o discriminaciones que pueden dificultar extremadamente el poder vivir en paz con uno mismo y con los demás. 

  1. Los resultados mundanos no son la medida de una vida con sentido, porque muchas variables externas pueden influir en el status económico y social, las cosas materiales, el número de amigos o los amores vividos. La medida de vivir conectado con tu propio sentido es la paz interior y la alegría por vivir. 

  1. No hay sentido de la vida auténtico en quien no empatiza, no ama y no se conmueve por las personas de su mundo. Porque las personas no estamos llamados a ser solitarios egoístas en nuestra propia caverna, sino a trascender a algo superior, más grande que nosotros como seres individuales. Por tanto, el sentido de la vida es personal en cuanto a que está ligado a la propia naturaleza, pero es interpersonal y social en cuanto a que busca una “comunión” en el sentido de formar comunidad, de trascender lo individual para sentirse parte de algo más grande que un@ mism@. No hay mayor fuerza que varias naturalezas unidas de forma sincera, sin competencias y envidias, buscando el bien común con afecto.

  1. Puesto que cada persona individual tiene un sentido propio de la vida, desde el cual se conecta con los demás para crear una comunidad de libertad y beneficio mutuos, es necesaria una ética para ayudar a conseguir ese beneficio común sin abusos y con pocas fricciones. También es preciso unas leyes que se ajusten a dicha ética basadas en un principio de benevolencia con la comunidad. Esta ética no debe ser un listado de normas sin más que simulen en las apariencias lo que se viene en llamar “comportamiento virtuoso”, pero vacío de contenido. Eso no lleva más que a engaños, abusos e hipocresía. Por el contrario debe ser una ética profunda, como también lo es el sentido de la vida. No se trata de parecer sino de ser. Se trata de que todos podamos vivir con sentido en comunidad, buscando la libertad que ofrece el ser pleno y relacionarnos mediante un orden que no aplaste a los individuos poniendo la norma por encima de la persona, sino que use la norma para evitar los abusos. Es más importante el espíritu de la ley que la letra de la ley. En definitiva, un orden social menos superficial, más maduro, más profundo en su concepción, que ayude a las comunidades a crecer porque las personas que las conforman se sienten libres de ser quienes son, pueden crear y expresarse; y su comunidad es intolerante ante abusos y mal trato de cualquier tipo. Una sociedad más sana, más profunda y más positiva, que ésta a la que estamos acostumbrados.


lunes, 21 de abril de 2014

La madurez


Nos encontramos en un mundo en el que la juventud es algo muy preciado que todo el mundo desea tener, vivir y conservar "de viejo". Hay todo un mundo de cremas para eso. Por este motivo y para llevar un poco la contraria, me gustaría reflexionar un poco sobre la maltratada madurez. 

¿Qué es ser maduro y para qué sirve? Difícil pregunta, porque no me parece que sea una cuestión de años vividos. Puede que vivir sea una condición sine qua non para llegar a cierta madurez, pero desde luego la carta de presentación del DNI no me parece suficiente para alcanzar ese estado de "persona madura" al que me quiero referir. Entonces, ¿de qué estamos hablando?

Probablemente la primera gran diferencia entre lo que se suele llamar juventud y la etapa adulta, es que en el segundo caso para muchas personas nace una conciencia muy real de que la vida es esto, lo que se está viviendo, no algo que está por venir "cuando sea mayor". El joven aspira a un futuro que tiene que conformar, pero el adulto se supone que ya es lo que es. 

Es muy corriente encontrar, entre otras, dos tipos de actitudes entre los adultos que (en el fondo) comparan su realidad con lo que fueron sus sueños: la "resignada", disfrazada de realismo y saber acomodarse a la vida (las famosas mayorías silenciosas que hacen todo lo que se espera de ellas); y la "amargada o derrotista", disfrazada de escepticismo y repleta de negatividad hacia cualquiera que quiera emprender algo nuevo, causada por un sentimiento íntimo de  fracaso al haber abandonado por el camino los que fueron sus sueños de juventud. 

En ambos casos se deja atrás la capacidad de ver la vida de forma auténtica, se miran las cosas pero no se ven. La persona permanece anclada en un mundo infantil al que se retrotrae constantemente y marca su vida. Piensa que le engañaron cuando era un niño y le vapulearon cuando era joven. Siente que la vida le debe algo y el resto de personas están en profunda deuda con él/ella. Cuando pensamos así, nos amargamos y acabamos conformándonos con un sucedáneo de vida en la que se ha descartado la posibilidad de ser medianamente libre y por lo menos un poco feliz. 

Todo se reduce a las compras, votar en las elecciones, discutir de cuatro cosas en el bar, quejarse del jefe, actividades políticamente correctas en una vida que está muy lejos de ser plena. Sin embargo, afortunadamente existen otras maneras de vivir la etapa adulta. 

Entre las distintas posibilidades, encuentras adultos que, en primer lugar, se han animado a intentar ver las cosas como son. Ver con los ojos del cerebro, el corazón y las tripas, la vida como es. Esto es buscar la esencia de las cosas y de las personas. Dirigir la mirada al ser, lo esencial, más que lo que parece o tiene que parecer. Dejar atrás los artificios y los condicionantes con los que nos bombardean todos los días.

En segundo lugar, hay adultos que muestran una actitud alegre ante las riquezas que ofrece la vida y, por otra parte, compasiva con las miserias humanas. No hay que ser tan duros con nosotros mismos, somos únicos, somos magníficos, incluso con nuestras neuras y miserias personales. Sólo hay que conocerse bien y estar atentos al tren del las actitudes desencantadas, rencorosas, envidiosas y etc... para reirnos de nosotros mismos y no subir. Igualmente, saltar al vuelo a los trenes de la alegría, la colaboración fraternal, los trabajos con un fin común útil y positivo, y un largo etc.. que no hay que perder cuando pasan a tu lado.

Estas personas son conscientes de que los sueños de juventud eran eso, sueños, nunca la realidad de la vida adulta va a ser exactamente como un sueño. La vida es vida y los sueños, sueños. Más aún los provenientes de una mente adolescente calenturienta. Si una persona fantasea a los 15 años con que "cuando sea mayor" le darán un premio Nobel, o va a dirigir la empresa Microsoft; y no sucede ¿es un fracasado? A lo mejor esa persona ha hecho una buena contribución en su entorno profesional, o personal, parecido en su esencia al que soñó, o por el contrario diferente (un descubrimiento posterior en su vida); que en cualquier caso habrá sido muy "exitosa". Y puede que más exitosa que si le hubieran dado un Nobel o ganado un millón de euros, si uno considera lo que es verdaderamente importante en la vida. No hay que confundir el reconocimiento social, el dinero o la fama con el éxito personal. Me parece que el éxito está más ligado al desarrollo en aquello que nos gusta y para lo que tenemos habilidad, la creación de relaciones interpersonales sanas y la contribución al bien común en el espacio en el que desarrollamos nuestra vida. Siempre hay maneras de hacer estas cosas. 

El adulto que se siente feliz es un adulto consciente. Se conoce razonablemente bien a sí mismo y a su mundo, aunque mantenga la actitud de aprender en cada momento. No se juzga, se acepta como es e intenta sacar el mejor partido de quien es. Procura construir relaciones con libertad, sanas, en las que las personas se sientan a gusto. No exige que nadie cumpla con sus expectativas, ni se esfuerza por cumplir las de los demás, porque la vida no va de cumplir los deseos de nadie. Trabaja por el bien común en la medida de sus posibilidades y no se calla ante el abuso o la injusticia. Es compasivo con las miserias humanas, sobre todo las derivadas de la ignorancia, cuando la hay. No se erige en juez y verdugo; y sobre todo, transmite alegría por vivir. 

Al final, el goce de vivir "cuando ya eres mayor" me parece más claramente reflejado en estas cosas de la vida, vistas con cierta sencillez. Sin adornos, "sin afeites", como decÌa Fray Luis de León. Esto es lo que nos ofrece la madurez, por eso es una etapa muy interesante y yo diría que bella, dentro del recorrido vital de las personas. 



sábado, 5 de abril de 2014

El techo de cristal

Incluyo aquí un artículo que escribí hace unos años porque, desafortunadamente, el tema sigue siendo de rabiosa actualidad. De vez en cuando me veo en una conversación en la que esto sale y, como decimos en mi tierra, "vuelta la mula al trigo" en un círculo sin fin cuando parecía que ya se iba superando este problema. 
Esto del "techo de cristal" me parecía algo poco "científico" (malamente comprobable, demasiado subjetivo) hasta que me pasó a mí misma hace cuatro años. Sé que suena egocéntrico: me pasa a mí y es cuando me intereso. Ya lo decían los chinos: unas personas son sabias antes y otras después, el interés y la sapiencia dependen más de lo que una vive que de lo que le cuentan.
Mi caso: Reunión para la definición de las competencias y funciones de una Unidad Operativa de un centro importante, para la que me contratan como Responsable Técnico. Asistentes: Director General nacional del programa para el que trabajo, que es uno de mis jefes directos; Director General de la Institución para la que trabajo, que es mi otro jefe directo.
Y yo…. pues fuera.
Ninguno de ellos realmente va a crear la unidad, organizar su funcionamiento, realizar ni supervisar el trabajo. Esto es lo más gracioso. Figuran, puestos políticos, buena posición estratégica, alabanza posterior ante los resultados, tengo “unas chicas que funcionan”, y etc… Supongo que os sonará. También os puedo decir que en este trabajo se suelen escuchar constantemente cosas como “vosotras siempre con la hormona” “qué fastidio de mujeres”; y a una nueva gerente: “tenemos secretaria nueva, ¡qué chupi!”
Estuve sentada en una silla al otro lado de la puerta del despacho del jefe, por indicación suya, durante dos horas hasta que se dignaron a indicarme que entrara. Todo hablado. Una cosa de cortesía, esta es Isabel, bla bla bla.
Ahí queda eso de “Responsable Técnico”
Esto del techo de cristal lo define con muchísima claridad Juan T Delgado, de la revista Su Dinero: “la barrera casi infranqueable que tiene que romper la mujer para acceder desde los puestos intermedios de la empresa a las esferas de alta dirección”. La traslación de este hecho a la vida profesional del día a día es que las mujeres trabajan bien mal o regular, aquellas que lo hacen bien van realmente en igualdad de condiciones con sus compañeros varones hasta que llegan a los puestos en los que se decide. Ahí la cosa cambia, éstas que han demostrado ser buenas profesionales son elegantemente excluidas de la toma de decisiones de cierto calado. No se les permite participar en la estrategia, o no en igualdad de condiciones.
A partir de aquí, todo son caramelos envenenados de sonrisas, coqueteos encubiertos, qué buena chica, qué buen trabajo, la misma actitud del jinete que le da palmaditas en la cabeza al caballo que cabalga fuerte, bien y te lleva cómodamente donde quieres. Al caballo se le quiere, pero mando yo.
M. Patricia Aragón Sánchez, Responsable de Proyectos de Concilia Vida Familiar y Laboral S.L.. nos dice acertadamente “La designación para ocupar puestos de alta dirección no se hace por méritos sino por elección y tienen mucha influencia las redes sociales que los hombres tienen dentro de las empresas”.
Y tanto. Al final, la elección de determinados puestos no se hace por méritos sino por cooptación. Como indica Mabel Murín, Doctora en Psicología Clínica, especialista en Estudios de Genero y Salud Mental: “Funciona el principio de cooptación (designar por elección a alguien y no por reglamento o méritos) para muchos de esos puestos”. Las redes sociales las pueden tejer tanto hombres como mujeres, pero siempre se desarrollan entre personas que se consideran “colegas”. Esto sucede a todos los niveles, altos y bajos, de la escala social. Tejer una red social no es cuestión de capacitación técnica, es más bien un tema de inteligencia emocional y empatía. En los puestos directivos, en los que a veces se toman decisiones importantes con incertidumbre, controvertidas, o en las que se implican las miserias humanas, todo el mundo quiere tener confianza en quien tiene al lado. Saber que le va a responder de una forma previsible, con un apoyo más allá del hecho técnico que se ha decidido. Que es entendido. Un colega que comprende. Los sexos tienden a empalizar entre sí, y es natural, para elegir “colegas”. Es difícil que un hombre vea como “colega” a una mujer, y tenderá a escoger a alguien de un perfil más similar a sí mismo para acompañarlo dentro de su círculo. Muchos de los actuales directivos estudiaron en colegios con separación de sexos, ¿quiénes eran los “colegas”?.
Para resolverlo, algunas mujeres directivas han seguido la estrategia de la “masculinización”. Comportándose como hombres, con más o menos su mismos esquemas afectivos y relacionales, podré ser vista como “colega”. Estuve en una conferencia internacional sobre mujeres, el Women´s Forum, donde pude constatar el éxito que ha proporcionado a ciertas mujeres asumir estos roles. Pero conseguir éxito de este modo, aunque a veces funcione, primero es excepcional y segundo no me parece plan. Así que me puse a investigar sobre otros modos de romper el techo de cristal, más que nada para aprender. Y qué me encuentro: un artículo de Lula Towanda sobre el mando intermedio en las mujeres, muy socarrón y punzante, en el que se describen las estrategias más comunes para romper el dichoso techo de cristal, subdivididas en cuatro categorías: la “enchufada”, la “pasiva-sumisa”, la “trepadora” y la “esforzada”.
La enchufada haga lo que haga llega, y punto. O sea, ya viene con el techo de cristal roto. De hecho, no rompe el techo de cristal, se la pone ahí porque toca, porque es amiga de, hija de, de la familia X o mujer de. Ésta no es colega, pero el cargo hay que dárselo porque es orden implícita de un poderoso que sí es el verdadero colega que nos dará un beneficio.
La pasiva/sumisa tiene buena carrera inicial manipulando afectivamente a los hombres directivos, pero sólo puede romper el techo de cristal como “consorte” del poderoso cuando consigue trincarlo, en cuyo caso pasa a ser enchufada.
La trepadora usa los roles que hagan falta: pasiva/sumisa o esforzada, según convenga, hasta que lo consigue; al final gana por astucia, no por competencia. De esto conozco yo algún espécimen.
Y la esforzada, que es la que menos probabilidades tiene de romper el techo de cristal, hace de “tonta útil”. Como dice Lula Towanda, “La tonta útil o abrelatas se ocupa de desbrozar el camino de cualquier iniciativa para que recojan los frutos los enchufados, mientras ella es arrinconada una vez hecho el trabajo”
¿Qué perfil tiene la esforzada? “Es la variedad más digna de admiración y compasión a la vez… No se da ninguna tregua, siempre quiere hacer las cosas por sí misma, sin buscar protección. Le gusta que valoren su esfuerzo, que frecuentemente es titánico. Suele tener mucho sentido común, que aplica a sus tareas cotidianas. Desde el punto de vista de sus jefes la esforzada es una histérica que resulta muy incómoda cuando dice obscenamente la verdad y no se pliega a la insensatez de la gestión empresarial. Normalmente es muy sensible con la injusticia y como mujer hecha a sí misma, lucha abiertamente contra ella. Puede alcanzar con facilidad el mando intermedio pero sus posibilidades de promoción hacia la carrera ejecutiva o presidencial son nulas, a la vez que la probabilidad de dimisión tiende peligrosamente a uno con el paso del tiempo.”.
Y ésta, la que se esfuerza e intenta que las cosas funcionen, es la que menos probabilidades tiene de llegar a puestos directivos…. ¡Qué planeta!

lunes, 18 de febrero de 2013

La corrupción en la política (1)


Hoy he leído un artículo de Eduard Punset sobre la corrupción en la política que recomiendo, como acicate para reflexionar sobre el origen de nuestro sistema político actual. En él, Punset nos recuerda que nuestro sistema democrático vigente protege y da más poder del deseable a los partidos políticos, cuyas cúpulas cerradas y Politburó eligen a nuestros representantes en lugar de los ciudadanos. El partido elige al representante, el ciudadano sólo puede elegir el partido. Citando textualmente: “Se eligió el sistema proporcional porque cualquier otro habría dejado fuera del Congreso a representantes de fuerzas minoritarias, a quienes nadie había consultado durante la dictadura franquista”. En consecuencia, “Se aplazó la verdadera reforma porque no había, en verdad, partidos políticos después de 40 años de dictadura y era evidente que había que darles, de momento, todo el poder necesario para fortalecerlos; incluido, y sobre todo, el de nombrar, en lugar de los ciudadanos, a sus representantes en el Congreso” . El modelo “concedió un poder sobredimensionado a las oligarquías de los partidos” y favoreció la progresiva aparición de “aparatos de los partidos excesivamente empeñados en la supervivencia de las propias burocracias internas”.

Por lo tanto, el sistema favoreció el crecimiento desmesurado de lo que hoy conocemos como partidos políticos nacionales (fundamentalmente PP y PSOE) que alternan el poder, y varios partidos nacionalistas con los que negocian; generando una nueva profesión llamada “político” destinada a gobernar y alejada cada vez más del ciudadano de a pié, porque  el político NO ES un ciudadano corriente que trabaja en un empleo corriente y paga sus impuestos.  Dice Punset que “Tengo la edad suficiente para haber sido testigo de que la gran mayoría de los políticos aceptaron esa dejación (de poder) solo condicionada a un plazo razonable” hasta que se hubiera consolidado el modelo democrático en España. Del dicho al hecho…

Hay varias características de este engendro democrático que tenemos entre manos que me gustaría comentar:

1.       Los partidos han ido perdiendo su fondo ideológico real, a pié de calle, a favor de un sustrato ideológico mítico. Es decir, sus  acciones concretas vienen realmente  decididas por agentes internacionales (en la macropolítica) o bien por intereses electorales o económicos locales (en la micropolítica). La ideología se identifica solamente por la presencia reiterativa de determinadas demostraciones públicas, un poco a modo de “maquillaje”, que pintan de un determinado color la cara pública del partido: defender o prohibir el aborto, las uniones LGTB, la educación religiosa, la familia, los preservativos, o el 11M. Pero esto no es ideología real, cuando la mayoría de las decisiones en los ayuntamientos, las CCAA y la nación se toman con criterios populistas o bien económicos, fuera de las necesidades reales de los ciudadanos y sin una estrategia ideológica fuerte. Por tanto, se alimenta el mito de lo que supone que es ser "de izquierdas" o "de derechas", pero no se diseñan programas con una estrategia ideológica clara. Por eso, cada vez más crece la sensación entre los ciudadanos de que todos son iguales. Para muchos políticos, recurrir a eso que llaman ideología es un medio para ganar determinados votos y dedicarse después a gobernar como les da la gana. Aprobar las uniones LGTB es una acción política buena (de fondo social) para un sector de la población; pero una acción política concreta no es una estrategia global de izquierdas, ni lo contrario de derechas. No hay estrategia global en los partidos, que defina una manera de gobernar orientada a los ciudadanos. En todo caso, existe una estrategia de marketing para “vender” el partido a un sector de la población con el objetivo de ganar el poder o continuar en él. El partido es un producto a vender, como el Mr Proper.

 
2.       Ligado con lo anterior, los partidos han perdido en buena medida su vocación de servicio público (tan ingrato muchas veces). Pasaron de agentes de SERVICIO a agentes de GOBIERNO, una vez que se creó la “profesión de político”. No es lo mismo gobernar sirviendo que gobernar mandando. A muchos de nuestros políticos les gusta gobernar y lo consideran su profesión. No quiero dar lugar a error, en mi opinión es muy positivo que una persona se presente a unas elecciones y pueda ejercer el gobierno durante un tiempo, pero considerar que gobernar al pueblo es tu profesión, desvirtúa la base de la democracia. El político es un representante del dueño del poder, que es el pueblo, no el depositario del poder en sí mismo. Por tanto, no es un gobernante porque “se lo ha ganado” sino porque “es elegido” durante un tiempo. Creerse gobernante es creerse merecedor del poder. Nadie merece el poder, ni por familia, ni por dinero, ni por méritos. El poder se recibe de prestado y es una insolencia pensar que ejercer poder es exigible, conquistable o que "uno se lo merece". El político debe ser un servidor, el primero sujeto a la ley común, humilde en su aproximación al hecho de ejercer poder y no puede creerse merecedor del escaño o el ayundamiento que gobierna.

3.       No haber trabajado en la vida o haberlo hecho poco tiempo tiene sus consecuencias. Muchos políticos no saben realmente  qué supone y qué se siente al ser autónomo, funcionario, becario, asalariado, empresario  etc y etc…. Esta desconexión de la vida real se nota en muchas cosas. Partir de las juventudes del partido X, 20 años gobernando ayuntamientos y luego diputaciones y después CCAA y etc.. te hace saber de presupuestos y decretos, de normativas e impuestos, pero no de lo que supone en la práctica vivir con todo eso. Es como los curas aconsejando sobre la vida en pareja y la sexualidad, un poco paradójico.

 Continuará…..

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Profe, ¿pero p´a qué vale la Filosofía? Para mucho más de lo que piensas, hijo…


Cuando era jovencita y estudiaba Bachillerato (en mi época BUP), todos pasamos por una asignatura que se llamaba “Filosofía”. A la mayoría de la gente le parecía una pérdida de tiempo monumental y una comedura de tarro, comparado con el dibujo técnico o la química. La Filosofía no “produce cosas” como otras disciplinas y encima parece que se trata de “pensar por pensar”; así que no era muy atractiva para unos chavales que disfrutábamos programando videojuegos en BASIC.

Por la inmadurez, las hormonas, y etc.. no comprendimos lo relevante de saber algo de Filosofía. No entendimos nada. Pero resulta que todo el saber humano, en el fondo fondo, parte de la Filosofía y a ella vuelve. Filosofía no es más, en griego, que “amor a la sabiduría”. Y en esto fijo que estamos todos de acuerdo. El filósofo Inmanuel Kant, al final de su vida, dijo en una carta que su trabajo había partido de dar respuesta a tres preguntas:

-          ¿Qué podemos saber?
-          ¿Qué debemos hacer?
-          ¿Qué me cabe esperar?

La primera atañe al conocer humano. ¿Cómo está constituido el mundo?¿Qué puedo saber de él? (=física, ingeniería, medicina etc..)  Y finalmente ¿Realmente puedo saber algo seguro acerca del mundo? (= filosofía de la ciencia)

La segunda pregunta se dirige al actuar humano. ¿Cómo debo configurar mi vida? ¿Cómo debo comportarme con mis semejantes? ¿Somos o no somos libres en nuestra voluntad? (= ética) ¿Cómo debería articularse la sociedad humana? (= política)

La tercera pregunta se refiere al sentido de trascendencia ¿existe algo después de la muerte? ¿Cuál es el sentido de la vida del hombre? (= religión o en su lugar, búsqueda de “lo absoluto”)

La cultura hindú se centró fundamentalmente en la tercera pregunta: la trascendencia del hombre. Desarrollaron un fantástico conocimiento intuitivo y profundo de una verdad más allá de la apariencia física y el lenguaje, el auténtico sentido de la vida. Hay que reconocer que esto lo consiguieron como nadie y son bien conocidas la paz y la profundidad espiritual que alcanzan muchos budistas (por ejemplo).

La cultura china se centró en la segunda pregunta, es decir, la organización de los pueblos. Para ellos lo fundamental era enfocarse en conseguir la mejor organización social y comunitaria posible. Por tanto, son un pueblo poco individualista (con las cosas buenas y malas que eso supone). Constituyen en algunos aspectos una de las sociedades más eficaces que existen, donde se prima el resultado global por encima del progreso individual. Obviamente a los occidentales esto no nos gusta ni un pelo, pero sin llegar a un extremo, mucho podemos aprender del trabajo en equipo sin “figuras” ni “estrellas” tan apreciadas aquí. 

La cultura occidental, que es la nuestra, se centró desde el principio (Grecia) en la primera pregunta: cómo está construido el mundo, qué puedo conocer de él, cómo puedo mejorar mis condiciones de vida mediante mi conocimiento de las cosas. Por ello, los occidentales aportamos a la Humanidad el desarrollo del pensamiento racional, la lógica, el método científico (tal y como lo entendemos ahora), la tecnología más avanzada que conocieron los tiempos y el foco puesto en avanzar, en progresar, con un ritmo hacia el futuro trepidante. Para los orientales, la idea de “progreso” tal y como la hemos entendido aquí, no ha sido históricamente tan importante como la búsqueda de la propia verdad interior. 

Cuando llevas ya unos años vividos, te das cuenta de lo relevante que se vuelve plantearse estas preguntas. Hay dos formas de vivir la vida: pensando y sin pensar. Si no piensas, vives la vida bajo la óptica unívoca de tu cultura particular (occidental, oriental), con lo cual te pierdes cosas muy importantes que podrías aprender. Quedas a merced de otros que han pensado por ti quién eres y qué papel tienes en la sociedad, qué ética debes tener, qué debes aprender, cómo tienes que desarrollar tu sentido de la trascendencia, etc. Y encima, asumes como única e invariable la organización social en la que te encuentras sin plantearte si sería mejorable.

Los pueblos han evolucionado gracias a las ideas y las ideas han marcado la atmósfera, el ambiente y el sentido final de las personas y las sociedades. Un pueblo que no piensa es una sociedad civil muerta. Yo creo sinceramente que, en este momento de cambio y de crisis, no vendría mal que todos fuéramos un poco filósofos.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Cristóbal Colón va y pide una beca de Investigación en España


Aunque me repito de tema, la investigación en España, muy brevemente voy a contar el increíble caso de un señor llamado Cristóbal que va y pide una beca de investigación al “Reyno de España” en el año del señor de 2012  

BECA FIS (Fondos de Investigación para el Sustento futuro del Reyno)

Título: Ruta naval hacia las Yndias por el oeste

Objetivo: Explorar nueva ruta desde el continente Europeo hasta las Yndias por el oeste, considerando la esfericidad de la Tierra y la longitud de su circunferencia

Introducción y estado del arte:
Aristóteles en su obra De los Cielos  ya explicó sus argumentos para pensar que la Tierra era redonda en vez de plana. Claudio Ptolomeo, cuyos mapas vuesas mercedes conocen bien, aceptó la misma idea: la tierra es una esfera, habyendo desde Portugal hasta la Yndia unos 180 º calculados de latitud. "De sphaera mundi", que vuesas mercedes enseñan en la Universidad, explica el mundo como esfera; y Eratóstenes, Ptolomeo y otros han calculado el perímetro de la Tierra encontrando que dicho perímetro se halla entre los 29.000 km y los 35.000Km. Por ello, el solicitante considera factible un viaje por mar a las Yndias por una ruta del oeste.
Hipótesis: La Tierra tiene una circunferencia de 29.000 km, según la medida del grado terrestre de Ailly y los mapas de Ptolomeo. Entre el extremo occidental de Europa y Asia la distancia se estima una distancia en torno a 6.500 leguas marinas (el espacio entre Lisboa y Quinsay); y desde Antilia al Cipango sólo 2.500 millas, lo que permite afrontar su navegación.
Material y Métodos: se precisan al menos 2 ó 3 carabelas en buen estado, con tripulación y víveres, un mapa de navegación, un compás naútico y tabla de latitudes. Se precisarán 7 meses para el desarrollo del proyecto, 3 meses de ida a las Yndias y 3 de regreso, con uno de descanso y recogida de víveres en destino
Impacto social y económico: vía marítima en exclusividad para el Reyno, con acceso directo a las riquezas de Oriente sin repostar ni pagar tributos en las tierras africanas de la competencia. La vía será probablemente más rápida que la actual por el este. Conquista de tierras e Yslas para sus majestades
Investigador Principal: Sr. Cristóbal Colón, marinero. Autodidacta de las lenguas clásicas y de los tratados geográficos antiguos. Observador de las corrientes y vientos oceánicos y con grandes conocimientos de cartografía.
Títulos Universitarios: ninguno. Publicaciones indexadas: ninguna
Respuesta:
Se deniega la beca. Aunque la idea es interesante, los cálculos pueden no ser correctos y no hay ninguna garantía de éxito. Hay cálculos que indican que la Tierra es más grande de lo que expone el solicitante (Eratóstenes et al), pero en cualquier caso, no hay suficiente base científica. El Investigador Principal no cumple con los baremos para la beca (ausencia de título universitario y de publicaciones de impacto). Se recomienda presentar el proyecto para su mejor aprovechamiento a personas doctas o a un comité con un curriculum acorde con la empresa que se propone; y buscar mejor evidencia para los cálculos 

Historia: el dinero lo adelantó un notario y lo pagó la Reina de Castilla. Varios “doctos” apoyaron a Colón en su empresa, a pesar de las dudas razonables sobre sus cálculos sobre el perímetro de la tierra (de hecho eran dudas fundamentadas). Sin embargo, en la balanza pesaron más los beneficios para el estado que traería el éxito del proyecto sobre los riesgos de un mal cálculo, teniendo en cuenta que: 1) la inversión no era grande, 2) la idea fundamental en la que se basaba el proyecto (esfericidad de la tierra) ya se sabía que era correcta, 3) el riesgo fundamental lo corría el propio Colón. 

Actualidad: ésta es la típica cosa que se hubiera quedado en un cajón. ¿Hasta dónde llegaría hoy la "idea loca" de un marinero sin estudios, sin publicaciones, que sólo podría argumentar a su favor sus propios conocimientos autodidactas y su experiencia como marinero? 

Aquí tenemos una de las diferencias importantes entre la Europa de entonces y la Europa de ahora. Que cada uno saque sus conclusiones…